¡La cabeza se había transfromado en Luna!

¡LA CABEZA SE HABÍA TRANSFORMADO EN LUNA!

 

El hombre se degolló y dejó ahí su cabeza.
Los demás fueron a buscarla.
En cuanto llegaron, pusieron la cabeza en un saco.
Más adelante, la cabeza cayó al suelo.
Volvieron a poner la cabeza en el saco.
Más adelante, volvió a caer la cabeza.

 

Y otra vez pusieron la cabeza en el saco.
Más adelante, cayó otra vez la cabeza.
Entonces doblaron el saco con otro saco más grueso.
Y, sin embargo, otra vez cayó la cabeza.
Menester es decir que llevaban la cabeza para mostrarla a los demás.

 

No pusieron ya la cabeza en el saco.
La dejaron en mitad del camino.
Y se fueron.
La cabeza corrió tras ellos.
Atravesaron el río.
Pero los siguió la cabeza.
Treparon a un bacupariseiro cargado de frutos
para ver si la cabeza seguía adelante.
Pero la cabeza se detuvo al pie del árbol
y les pidió frutos.
Entonces los hombres sacudieron el árbol.
La cabeza fue a buscar los frutos.
Y luego pidió más.

 

Los hombres sacudieron entonces el árbol
de manera que los frutos cayeran al agua.
La cabeza dijo entonces que allí no podía buscarlos.
Los hombres arrojaron entonces los frutos a lo lejos para apartar
a la cabeza y permitirle que se fuera.

 

Mientras la cabeza iba a buscar los frutos,
los hombres descendieron del árbol y partieron.
La cabeza regresó, miró el árbol,
no vio a nadie
y continuó rodando su camino.

 

Los hombres habían quedado a la espera,
por ver si la cabeza los seguía.
Y vieron cómo venía, rodando, tras ellos la cabeza.
Corrieron,
llegaron a sus chozas, dijeron a los otros que la cabeza
llegaba rodando y que era menester cerrar las puertas.
Todas las chozas están cerradas.
Una vez llegada la cabeza ordenó abrir las puertas.
No las abrieron los amos porque tenían miedo.
Entonces la cabeza empezó a pensar en su futuro.
Si se convertía en agua, la beberían.
Si se convertía en tierra, la pisarían.
Si se convertía en casa, los hombres la habitarían.
Si se convertía en buey, la matarían y comerían.
Si se convertía en vaca, la ordeñarían.
Si se convertía en harina, la comerían.
Si se convertía en zanahoria, la comerían.
Si se convertía en sol, cuando los hombres tuviesen frío
       tendría que calentarlos.
Si se convertía en lluvia, las hierbas crecerían y las bestias
       harían pasto de ella.
Entonces pensó y dijo: “ Voy a ser luna”
Gritó: “ Abrid las puertas, pues quiero llevar mis cosas “
Ellos no abrieron.
La cabeza lloró. Y gritó: “ Dadme, al menos,
Mis dos pelotas de hilo”.
Por un hueco le arrojaron las dos pelotas.
Las tomó y las lanzó hacia el cielo.

 

Todavía pidió que le arrojaran una pequeña varilla
para enrollar el hilo que le permitiese elevarse.
Entonces dijo: “ Puedo subir, voy al cielo”.
Y comenzó a subir.
En seguida, los hombres abrieron las puertas.
La cabeza seguía subiendo.
Los hombres gritaron: “¿ Te vas al cielo cabeza?”
Ella no respondió.
Al llegar al sol, inmediatamente
Se transformó en luna.
Hacia el atardecer la luna era blanca, toda linda.
Y los hombres quedaron estupefactos:
¡La cabeza se había transformado en Luna!

 

Copyright © 2014. Andrés Felipe Yaya
Todos los derechos reservados. All rights reserved

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